
Hoy es domingo. Y puedo asegurar que cada domingo que pasa pienso y reflexiono en todo lo que hice bien y mal, toda la semana. Me prometo cambiar e ir mejorando, me prometo ir madurando, cambiar, aunque sea un poquito.
No está el tiempo para hacerlo, pero a medida que se acerca la primavera, me gustaba irme al prado de la casa de mi abuela los domingos y pensar, con la música a tope, y cerrar los ojos mientras sentía la brisa y el olor a naturaleza. La verdad, es que es la mejor terapia para evadirse del mundo unas horas, y empezar la semana con energía.
Recuerdo de hace unos años, tirarme en la hierba y empezar a arrancarla con las manos, y llegar mi perro Polus y empezar a mancharnos con el verdín que desprendía del suelo. Cuando llegaba a casa y me miraba al espejo me hacía gracia verme con los pantalones verdes, con la camiseta nueva verde, y despeinada como si me acabase de levantar.
Ahora pienso en todo aquello, y me pregunto por qué ahora aborrezco tanto eso, pasarlo bien con poco, reírme sola, y llegar a casa feliz, como cuando tenía 8 años, con pocas preocupaciones y mucha energía, y muchísimas ganas de vivir y conocer. Quién me iba a decir, que a medida que se crece y los problemas y preocupaciones aumentan, tus ganas de salir a la calle a revolcarte en la hierba y olvidarte de todo iba a disminuir, ¿quién?
yo misma te lo podría haber dicho, pero lo tenias que descubrir por ti misma !
ResponderEliminarte quiero
que triste es u.u
ResponderEliminar(L)